Ansiedad

Hay una estrecha relación entre la ansiedad y el estrés. Cierta cuota de estrés es necesaria para enfrentar los desafíos cotidianos. Sin embargo, pasado cierto umbral de estrés aparece ansiedad patológica que tiene manifestaciones físicas y mentales. Cuando la ansiedad se sostiene en el tiempo puede constituir un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares (por ejemplo la hipertensión arterial) trastornos digestivos (colon irritable, úlcera gastroduodenal) trastornos dermatológicos (psoriasis, acné, eczema), disfunciones sexuales y dolor crónico, entre otras afecciones. Por otra parte es muy frecuente que enfermedades médicas como la diabetes, el cáncer, el asma, la hipertensión arterial y el infarto agudo de miocardio se acompañen de ansiedad.


Los trastornos de ansiedad son, junto con la depresión, los problemas que con más frecuencia se presentan en la práctica psiquiátrica. Dada su alta prevalencia a nivel mundial (15% al 20%) generan un alto costo en salud pública y causan subrendimiento académico y laboral.


Causas

Actualmente se considera que no existe una única causa que explique la aparición y mantenimiento de los trastornos de ansiedad. Las investigaciones demuestran que existen factores genéticos que favorecen en algunas personas una vulnerabilidad para la ansiedad (temperamentos ansiosos o inhibidos) y que interactúan con factores ambientales y psicológicos. Entre ellos se les otorga gran importancia a los eventos estresantes vitales tempranos (maltrato o abuso físico o sexual infantil, negligencia, traumas, carencias afectivas tempranas) y al modo en que cada sujeto los percibe. Dicho de otro modo, un mismo evento puede resultar estresante para una persona y un desafío excitante para otra. Por otra parte hay un aprendizaje a partir de los modelos que ofrecen los padres. Así, padres ansiosos y temerosos sientan las bases para un modo de reacción ansiosa en sus hijos a partir de un modelaje conductual involuntario.

Las investigaciones neurocientíficas de las últimas décadas han logrado identificar ciertas áreas cerebrales que se sobreactivan en las personas que padecen trastornos de ansiedad (locus ceruleus, corteza prefrontal, hipocampo, amígdala, sistema límbico, sistema hipotálamo-hipofisario) como consecuencia de lo cual ocurre una disrregulación de varios neurotransmisores cerebrales (serotonina, noradrenalina, GABA y CRF). Estos descubrimientos han permitido desarrollar estrategias terapéuticas farmacológicas altamente eficaces para estos trastornos con fármacos antidepresivos y ansiolíticos.


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